Antuña-Camblor, C. et al.
(2024). Emotional regulation as a transdiagnostic process of emotional disorders in therapy: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology & Psychotherapy, 31, e2997.
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¿Qué es la desregulación emocional? Te explicamos qué pasa y cómo ayudarte cuando una emoción te desborda.
Hay momentos en los que una emoción no solo se siente intensa: parece ocuparlo todo.
Un contratiempo pequeño puede hacer que estalles, te bloquees o necesites desaparecer. Sabes que tu reacción ha sido intensa, pero en ese momento no encuentras la forma de frenarla.
La desregulación emocional aparece cuando resulta difícil comprender, modular o atravesar una emoción sin que termine tomando el control de lo que haces. No significa que seas inmadura o incapaz de gestionar tu vida. Suele indicar que, en ese momento, tus recursos no son suficientes para responder a todo lo que está ocurriendo dentro de ti.
Aprender a regularte no consiste en dejar de sentir. Consiste en poder sentir sin quedarte atrapada en la emoción ni actuar siempre desde ella.
La regulación emocional es la capacidad de reconocer lo que sentimos, comprender qué necesitamos y responder de una manera ajustada a la situación.
No quiere decir que seas la persona más zen del mundo, que nada te afecte o que te dé igual todo. Puedes sentir rabia, miedo, tristeza o frustración (recordemos que cualquier emoción es válida) y seguir estando regulada.
La diferencia está en si puedes mantener cierto margen para decidir qué hacer con esa emoción.
Hablamos de desregulación cuando cuesta:
La desregulación emocional no es un diagnóstico por sí misma. Es una dificultad que puede aparecer en personas muy diferentes y estar relacionada con estrés, aprendizaje emocional, trauma, neurodivergencias o distintos problemas de salud mental.
Durante un episodio puedes notar:
Después puede aparecer cansancio, vergüenza o culpa. Es común preguntarse por qué reaccionaste así o que te prometas que no volverá a pasar.
Sin embargo, cuando el sistema vuelve a activarse, saber racionalmente cómo querías responder puede no ser suficiente.
Desde fuera, una respuesta puede parecer desproporcionada. Pero la emoción no depende únicamente de lo que acaba de ocurrir.
También influye el estrés acumulado, el cansancio, experiencias anteriores, estímulos del entorno, los recursos disponibles en ese momento o el significado personal de la situación.
No estás reaccionando solo a aquello que acaba de pasar. Esa situación puede haber activado miedo al rechazo, sensación de fracaso, pérdida de control o recuerdos de otras experiencias.
O eso fue la gota que colmó el vaso de una semana llena demasiado intensa.
Por supuesto, esto no convierte cualquier conducta en aceptable. Comprender una reacción no significa justificar que hagamos daño a otras personas.
Pero sí será necesario buscar qué la sostiene para poder reconocerla y aprender poco a poco a responder de otra manera.
La desregulación emocional no siempre se manifiesta como una emoción intensa o un estallido. También puede aparecer como bloqueo, cansancio repentino o desconexión.
Cada sistema nervioso puede mostrar una tendencia predominante, aunque esta no sea fija y pueda cambiar según el contexto, el nivel de estrés o las experiencias vividas.
En la hiperactivación, el organismo responde como si necesitara actuar rápidamente ante un peligro.
Puede manifestarse como:
En este estado, la persona puede sentir que todo es demasiado intenso y que necesita resolverlo inmediatamente para recuperar la calma.
En la hipoactivación, la respuesta no consiste en luchar o escapar, sino en reducir la actividad y desconectarse de lo que está ocurriendo.
Se suele manifestar con:
Desde fuera puede parecer tranquilidad, indiferencia o falta de interés. Sin embargo, internamente puede ser una forma de protección ante una experiencia que el sistema percibe como demasiado intensa.
Es bastante común también las personas que pasan de la hiperactivación a la hipoactivación.
Por ejemplo, pueden empezar una discusión con mucha intensidad, sentir ansiedad o necesidad de explicarse y, poco después, quedarse bloqueadas, desconectarse o no encontrar palabras.
También puede ocurrir lo contrario: mantener las emociones contenidas durante mucho tiempo y terminar reaccionando de forma repentina cuando el sistema ya no puede sostener más tensión.
Reconocer hacia qué estado tiendes puede ayudarte a elegir estrategias más ajustadas. Una persona muy activada quizá necesite reducir estímulos y bajar el ritmo, mientras que alguien que se encuentra apagado puede necesitar movimiento suave, orientación al entorno o contacto con algo que le ayude a volver al presente.
No existe una única causa. Lo habitual es que intervengan varios factores.
La regulación emocional se desarrolla en relación con otras personas.
Durante la primera infancia necesitamos que nos regulen nuestras figuras de referencia. Y después, que estas nos ayuden a poner nombre a lo que sentimos, nos ofrezcan calma y nos enseñen que una emoción intensa puede atravesarse sin miedo.
Es frecuente llegar a la edad adulta sin las herramientas necesarias para regularnos porque, de pequeñas, no siempre supieron acompañarnos ni enseñarnos a hacerlo.
Si tus emociones fueron ignoradas, castigadas o ridiculizadas, quizá aprendiste a reprimirlas hasta que estallan o a sentir vergüenza por tenerlas.
Frases como “no llores”, “no es para tanto” o “estás exagerando” no enseñan a regular. Enseñan que algunas emociones no son bienvenidas.
El estrés crónico reduce el margen disponible para responder con flexibilidad.
Cuando has pasado semanas o meses sosteniendo preocupaciones, responsabilidades o conflictos, un estímulo pequeño puede convertirse en la última carga que tu sistema ya no puede contener.
No siempre faltan herramientas. En ocasiones faltan descanso, límites o condiciones de vida más sostenibles.
Después de una experiencia traumática, el sistema puede aprender a detectar peligro con mucha rapidez.
Una mirada, un tono de voz o una sensación de pérdida de control pueden activar respuestas de lucha, huida, bloqueo o sumisión antes de que puedas analizar la situación.
La reacción ocurre en el presente, pero puede estar intentando protegerte de algo que aprendiste en el pasado.
Algunas personas sienten las emociones con mayor intensidad o tardan más tiempo en recuperar el equilibrio.
Esta sensibilidad puede ir acompañada de cosas tremendamente positivas como la empatía, la creatividad o una gran capacidad para percibir matices.
La dificultad aparece cuando la intensidad supera los recursos disponibles para gestionarla.
La desregulación puede aparecer asociada al TDAH, el autismo, la ansiedad, la depresión, el trauma, algunos trastornos de personalidad y otras dificultades.
Esto no significa que una reacción emocional intensa permita identificar un diagnóstico. La desregulación es un fenómeno transversal y debe interpretarse dentro de la historia y el funcionamiento global de cada persona.
En plena activación, el objetivo no suele ser comprender toda la situación ni resolver el conflicto. Primero necesitas recuperar suficiente estabilidad para poder pensar.
Cuando estás muy activada, seguir discutiendo, analizar cada pensamiento o tomar decisiones importantes puede empeorar la situación.
Siempre que sea posible aléjate unos minutos del estímulo, reduce el ruido y la conversación o date tiempo antes de responder.
Puedes decir: “Ahora mismo estoy demasiado activada para hablar de esto bien. Necesito parar y retomarlo después”.
Pedir una pausa no es evitar el conflicto si existe un compromiso real de volver a él.
Cuando el sistema detecta peligro, necesita señales concretas de que estás aquí y ahora. Prueba a observar cinco cosas que puedas ver o tres sonidos del entorno.
Con estas acciones buscaos ayudar a que tu atención salga poco a poco del bucle emocional.
Poner nombre a una emoción puede crear una pequeña distancia entre lo que sientes y lo que haces.
En lugar de “no puedo más”, intenta concretar en un “estoy sintiendo miedo”, “me siento rechazada” o “siento vergüenza”.
Nombrar la emoción ayuda a organizar la experiencia.
Puede ayudarte exhalar más lentamente de lo que inhalas, lavarte la cara con agua fresca o descargar tensión sin hacerte daño.
No todas las herramientas funcionan igual para todo el mundo. Regularse también implica descubrir qué necesita tu sistema en diferentes estados.
El objetivo no es pasar de estar desbordada a sentirte completamente bien. Aplicar un pequeño cambio que antes no eras capaz de hacer ya puede ser suficiente.
Por ejemplo: no enviar ese mensaje impulsivo o elegir no tomar una decisión todavía.
Regular es recuperar margen de elección, aunque la emoción siga presente.
Cuando la intensidad haya bajado, puede ser útil revisar lo ocurrido sin castigarte.
Pregúntate:
El objetivo no es encontrar culpables. Es reconocer el patrón.
Con el tiempo puedes detectar que algunas crisis aparecen especialmente cuando te sientes ignorada, pierdes control sobre una situación, acumulas cansancio o tienes que sostener demasiados estímulos.
Las herramientas de emergencia ayudan, pero no sustituyen el trabajo de fondo.
Cuanto más difícil resulta identificar una emoción, más probable es que solo notes que estás “bien” o “mal”.
Distinguir entre frustración, miedo, decepción, vergüenza, soledad o saturación permite responder de manera más ajustada.
La regulación resulta más sencilla antes de llegar al límite.
Algunas señales pueden ser:
Identificarlas permite intervenir antes del estallido o el bloqueo.
Dormir poco, no comer durante muchas horas, vivir con sobrecarga sensorial o no tener espacios de descanso puede reducir tu capacidad para regularte.
El autocuidado no resuelve por sí solo una dificultad emocional profunda, pero un sistema agotado tiene menos recursos para responder.
Evitar, controlar, rumiar, reprimir o actuar impulsivamente puede producir alivio a corto plazo, pero mantener el problema después.
La utilidad de una estrategia depende del contexto y de la flexibilidad con la que se utilice.
El objetivo no es eliminar todas las respuestas incómodas, sino ampliar las opciones disponibles.
Una herramienta nueva es difícil de recordar en plena crisis si nunca la has utilizado antes.
Puedes practicar respiración, orientación sensorial, pausas o identificación emocional en momentos de activación moderada. Así resulta más probable que estén disponibles cuando las necesites.
Nuestro reto de rituales para regular el sistema nervioso puede ayudarte a incorporar pequeñas prácticas de regulación en tu día a día.
Puede ser recomendable buscar apoyo si:
La terapia no consiste únicamente en enseñarte a respirar o pensar en positivo. Puede ayudarte a comprender qué activa tus reacciones, desarrollar recursos y trabajar las experiencias que están manteniendo el problema.
En Tu Refugio Psicología ofrecemos terapia individual online, adaptando el proceso a tu historia, tus necesidades y el ritmo que puedes sostener.
Necesitas contar con más recursos para que una emoción difícil no tenga siempre la última palabra.
Porque la activación no depende únicamente de lo que ocurre en ese momento. El cansancio, el estrés acumulado, las experiencias previas y la sensibilidad a determinados desencadenantes pueden reducir tu margen de respuesta.
Cuando la intensidad baja, recuperas capacidad para analizar lo ocurrido y puedes juzgarte por una reacción que en ese momento sentiste difícil de controlar. La culpa puede ayudarte a reparar, pero la autocrítica excesiva suele aumentar el malestar sin enseñarte a regularte mejor.
Sí. La desregulación también puede manifestarse como bloqueo, silencio, desconexión o necesidad de complacer. No siempre aparece mediante gritos, llanto o conductas visibles.
Porque no todas las herramientas sirven para todos los estados. Respirar puede ayudar a una persona y aumentar la incomodidad de otra. También es difícil aplicar una técnica cuando la activación ya es muy elevada. Conviene probar distintos recursos y practicarlos antes de llegar al límite.
Sí. La regulación emocional puede desarrollarse mediante práctica, relaciones seguras y acompañamiento terapéutico. No se trata de eliminar la sensibilidad, sino de ampliar los recursos para atravesar lo que sientes.


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