World Health Organization
(2019). New WHO evidence on mistreatment of women during childbirth. World Health Organization.
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Hablemos de violencia obstétrica y por qué es importante visibilizarla.
Hay partos que terminan y dejan una sensación difícil de explicar. Quizá médicamente “todo salió bien” (ojalá), pero tú recuerdas haberte sentido vulnerada, asustada o completamente fuera de las decisiones sobre tu propio cuerpo.
Es probable que, tras el parto, durante un tiempo dejes el tema en segundo plano porque toda tu atención se centra en tu criatura, que ahora requiere tu energía y foco.
Sin embargo, con el paso de los días o las semanas, pueden volver a aparecer escenas o sensaciones de lo vivido, y es entonces cuando empiezas a preguntarte si aquello que experimentaste era normal. Y ahí aparece una duda muy frecuente: ¿cómo sé si he sufrido violencia obstétrica?
No siempre es fácil responder. Algunas situaciones son claramente identificables, pero otras ocurren en una zona mucho más gris. Precisamente por eso muchas mujeres tardan en poner palabras a lo sucedido o incluso sienten que no tienen derecho a estar afectadas.
Entender qué es la violencia obstétrica puede ayudarte a ordenar tu experiencia y a comprender mejor qué ocurrió y qué necesitas ahora.
La violencia obstétrica hace referencia a formas de maltrato, falta de respeto o vulneración de la autonomía que pueden producirse durante la atención al embarazo, parto o posparto. Puede incluir desde un trato humillante hasta procedimientos realizados sin una información suficiente o sin respetar la capacidad de la mujer para participar en las decisiones sobre su cuerpo.
La Organización Mundial de la Salud lleva años alertando sobre el maltrato durante la atención al parto. Una investigación liderada por la OMS identificó categorías como abuso físico o verbal, discriminación, incumplimiento de los estándares profesionales de atención y una comunicación deficiente entre mujeres y profesionales sanitarios (Bohren et al., 2019).
Esto es importante porque violencia obstétrica no significa simplemente que el parto haya sido difícil o diferente a como lo imaginabas.
Una cesárea, una inducción o una intervención médica pueden ser necesarias y salvar vidas. El problema aparece cuando, además de las circunstancias clínicas, existe falta de información, ausencia de consentimiento cuando este podía recabarse, trato deshumanizado o pérdida injustificada de autonomía.
Hay algo que no falla. Puede que no recuerdes exactamente cada procedimiento, pero sí cómo te sentiste durante el parto.
Tal vez intentabas preguntar qué estaba ocurriendo y nadie te respondía. O sentiste que se hacían cosas sobre tu cuerpo sin explicarte por qué. Eso es violencia obstétrica.
Algunos ejemplos más pueden ser:
No es necesario que te hayan gritado o que exista una lesión física para que una experiencia pueda resultar profundamente invalidante.
La OMS señala que una atención materna respetuosa debe preservar la dignidad, la privacidad, la posibilidad de tomar decisiones informadas y el apoyo continuado durante el parto.
En España, además, la Ley 41/2002 establece como principio general que las actuaciones sanitarias requieren el consentimiento libre y voluntario de la persona después de haber recibido información adecuada, con las excepciones previstas legalmente.
Esta suele ser una de las dudas que más dificulta reconocer lo ocurrido. Sí, puede que una intervención fuese médicamente necesaria y, aun así, la forma en la que se realizó te hiciera sentir indefensa.
Una emergencia puede modificar enormemente cómo se toman las decisiones.
Que exista una necesidad médica no convierte automáticamente en irrelevantes la información, la intimidad, el respeto o la manera en la que se trata a la mujer.
También puede suceder lo contrario: que con el tiempo descubras que una práctica que viviste como inevitable no tenía la justificación que creías.
No necesitas decidir ahora mismo si aquello “cuenta” o no como violencia obstétrica para reconocer algo más sencillo:
si la experiencia te hizo sentir asustada, anulada o sin control sobre tu propio cuerpo, merece ser escuchada.
Durante un parto no estás observando la situación desde fuera.
Estás atravesando dolor, cansancio, miedo, medicación, incertidumbre y una enorme vulnerabilidad física. Además, existe una fuerte asimetría de conocimiento: los profesionales saben qué está ocurriendo clínicamente y tú necesitas confiar en ellos. Por eso muchas mujeres no cuestionan determinadas actuaciones en ese momento.
Pero, por dentro, a veces las dudas pueden convertirse en pensamientos rumiativos. "¿Por qué nadie me explicó eso?", "¿Realmente dije que sí?", "¿Por qué sigo pensando en aquel momento?".
Un estudio realizado en España por Mena-Tudela y colaboradores encontró que muchas participantes percibían haber vivido procedimientos innecesarios o dolorosos y experiencias relacionadas con falta de información y consentimiento. Los propios autores plantean que algunas formas de violencia obstétrica pueden estar normalizadas dentro de la atención sanitaria (Mena-Tudela et al., 2020).
Que algo fuese frecuente o estuviera normalizado no significa necesariamente que fuera respetuoso.
Hablar de violencia obstétrica también es hablar de cómo se ha tratado históricamente a las mujeres dentro del sistema sanitario: demasiadas veces como pacientes a las que hay que dirigir, y no como adultas con capacidad para comprender, preguntar y decidir sobre su propio cuerpo.
El embarazo y el parto no anulan tu autonomía. Estar en una situación vulnerable no significa que dejes de tener derecho a recibir información, expresar tus preferencias, hacer preguntas o participar en las decisiones que te afectan.
Visibilizar estas prácticas permite cuestionar comportamientos que durante mucho tiempo se han normalizado y denunciar aquellos que son abusivos.
Debemos exigir una atención en la que la mujer no sea una espectadora de su propio parto.
Además, la salud de las mujeres ha arrastrado históricamente importantes sesgos y lagunas de investigación. También por eso es importante escuchar sus experiencias, estudiarlas y dejar de asumir que el sufrimiento forma parte inevitable de determinados procesos reproductivos.
Alzar la voz no significa enfrentarse a la medicina. Significa recordar algo básico: una mujer que está dando a luz sigue siendo una persona adulta, con derechos, criterio y capacidad de decisión. Cuantas más mujeres puedan reconocerlo y hablar de lo que han vivido, más difícil será seguir normalizando prácticas que no deberían serlo.
Por supuesto que importa que tu bebé esté bien. A ti también es lo que más te importaba en ese momento. Pero eso no quita que tú también estabas allí. Y eso también importa, y mucho.
Este tipo de frases, aunque dichas con buena intención, lejos de ayudar hacen sentir a una madre más sola.
Puedes estar agradecida porque tu bebé está sano y al mismo tiempo sentir rabia por cómo te trataron. Puedes saber que una intervención fue necesaria y seguir afectada por la manera en la que ocurrió. Una cosa no invalida la otra. Toda la experiencia del parto también importa.
La OMS considera que una atención de calidad no depende únicamente del resultado clínico, sino también de que las mujeres tengan una experiencia digna y respetuosa.
No todas las mujeres reaccionan igual. Algunas recuerdan el parto con rabia o tristeza, pero pueden integrarlo con el tiempo y trabajo terapéutico. Otras mujeres, al no haber integrado la experiencia les puede costar hablar de lo ocurrido, aparecer mucho miedo ante otro embarazo o sentir una fuerte activación al volver a un hospital.
Cuando estas reacciones se mantienen en el tiempo, puede ser útil entender qué es un trauma de parto y cuáles son las señales de estrés postraumático, porque no todas las experiencias difíciles se quedan únicamente en un mal recuerdo.
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La literatura científica ha encontrado asociaciones entre experiencias de violencia obstétrica o maltrato durante el parto y síntomas de depresión posparto y estrés postraumático. Una revisión sistemática publicada en 2023 encontró precisamente relación entre violencia obstétrica, depresión posparto y TEPT, aunque los autores también señalan la necesidad de mejorar las herramientas de evaluación y seguir investigando (Silva-Fernández et al., 2023). Porque, oh, sorpresa, una vez más las situaciones que viven las mujeres no han sido ampliamente estudiadas. (Eso también es maltrato del sistema o la comunidad científica, por cierto).
En cualquier caso, no significa que sufrir violencia obstétrica implique desarrollar necesariamente un trauma. Significa que cómo fuiste tratada durante uno de los momentos más vulnerables de tu vida puede tener consecuencias emocionales reales.
No existe una única forma correcta de responder. Para algunas mujeres, el primer paso consiste simplemente en poder reconstruir lo sucedido y hablar de ello con alguien que no minimice la experiencia.
También puedes solicitar y revisar tu historia clínica. La legislación española reconoce el derecho de acceso a la documentación contenida en la historia clínica, lo que puede ayudarte a entender qué procedimientos se realizaron y por qué.
Si lo deseas, puedes informarte sobre las vías de reclamación del servicio sanitario correspondiente o buscar asesoramiento especializado para valorar tu situación concreta.
Si notas que el recuerdo del parto sigue generando mucho malestar, miedo, culpa o una sensación de amenaza difícil de manejar, también puede ser útil buscar apoyo psicológico especializado en trauma y salud mental perinatal.
Es importante recordarlo:
No necesitas demostrar que lo que ocurrió fue “lo suficientemente grave” para pedir ayuda. Lo que sentiste y sientes ahora es suficientemente importante de por sí.
No necesitas tener completamente claro si lo que ocurrió fue violencia obstétrica, un parto traumático o una experiencia que simplemente te hizo daño para pedir ayuda.
Si notas que vuelven escenas del parto, te cuesta hablar de lo ocurrido, aparece mucha rabia o miedo, o sientes que aquella experiencia sigue interfiriendo en cómo estás viviendo el posparto o una nueva maternidad, un espacio de terapia puede ayudarte a ordenar lo vivido sin minimizarlo.
En nuestra terapia perinatal online puedes trabajar lo ocurrido con una psicóloga especializada, recuperar sensación de seguridad y encontrar una forma de integrar la experiencia sin que siga ocupando tanto espacio en tu presente.


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